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Más de la mitad de los países no se han comprometido a proteger el 30% de sus tierras y mares para 2030 en sus planes de biodiversidad presentados a la ONU, a pesar de que hace menos de tres años firmaron un acuerdo global para hacerlo, según revela una investigación de Carbon Brief y the Guardian.

En diciembre de 2022, casi todas las naciones acordaron proteger “el 30% de la tierra y el mar de la Tierra por la naturaleza” a finales de la década. Este compromiso, denominado “30×30”, es el objetivo principal del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal (MMB), a menudo comparado con el “Acuerdo de París para la naturaleza”.

Sin embargo, 70 de los 137 países (51%) que han presentado planes a la ONU en los que describen cómo cumplirán los objetivos del MMB no se comprometen a cumplir la meta “30×30” dentro de sus fronteras, según el análisis de estos documentos realizado por Carbon Brief y the Guardian.

Dentro de estos países, hay unos que se comprometen a proteger un porcentaje menor de su territorio para la naturaleza y otros que no se comprometen explícitamente a alcanzar un objetivo numérico.

El análisis muestra que los países que no se han comprometido a la meta “30×30” en sus planes de la ONU representan poco más de un tercio de la superficie terrestre.

La lista incluye algunas de las naciones con mayor riqueza natural del planeta, como Indonesia, Perú y Sudáfrica, además de países desarrollados como Finlandia, Noruega y Suiza.

En declaraciones para Carbon Brief y the Guardian, una nación dijo que cumplir con la meta “30×30” dentro de sus fronteras sería “extremadamente difícil” de lograr, mientras que otra dijo que los países en desarrollo, en particular, no deberían enfrentarse a una “carga innecesariamente pesada” para alcanzar la meta global.

La investigación muestra que “muchos países no han sido lo suficientemente ambiciosos con sus compromisos nacionales de conservación y, como resultado, actualmente no estamos en camino de alcanzar colectivamente la meta global de 30×30”, dijo un experto.

Un tercio de la Tierra

En la cumbre sobre la naturaleza COP15, realizada en 2022, los países acordaron el Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal (MMB), un amplio conjunto de objetivos y metas con el propósito general de detener y revertir la pérdida de biodiversidad para 2030.

La meta 3 del MMB, que establece que los países deben garantizar que “al menos” el 30% de la Tierra esté en áreas protegidas o regida por otras medidas de conservación para 2030 “30×30”, es considerado por muchos como el objetivo insignia del acuerdo y se ha comparado con el objetivo de temperatura de 1.5°C del Acuerdo de París en artículos de prensa y discursos que subrayan su importancia.

Target 3 of the Global Biodiversity Framework
Meta 3 del Marco Mundial de la Diversidad Biológica. Crédito: Convenio sobre la Diversidad Biológica

Se pidió a todos los países que enviaran sus planes al Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica en los que se describiera cómo cumplirían los objetivos del MMB en sus territorios antes de la cumbre de la naturaleza COP16 en 2024. Dichos planes se conocen como estrategias y planes de acción nacionales en materia de diversidad biológica, o “EPANDB“.

Una investigación independiente de Carbon Brief y the Guardian realizada el pasado mes de octubre reveló que el 85% de los países no cumplieron el plazo para presentar sus EPANDB, y algunos argumentaron que el plazo era demasiado complicado o que no pudieron acceder a fondos para ayudar a preparar sus documentos.

A los países que no pudieron presentar sus EPANDB se les pidió que, en su lugar, presentaran objetivos nacionales a la ONU. Se trata de simples listas de metas que los países intentarán alcanzar sin un plan de acción que los acompañe.

Para el 24 de febrero de 2025, 44 países y la UE habían presentado sus EPANDB a la ONU, mientras que 124 partes habían presentado metas nacionales. (Dado que algunos países enviaron objetivos nacionales y EPANDB, esto significa que, en total, 137 países han presentado algún tipo de plan).

Para investigar si los países se han comprometido con la promesa “30×30” dentro de los límites de sus planes, Carbon Brief y the Guardian analizaron el texto completo de cada EPANDB, así como cualquier objetivo que fuera etiquetado como relacionado con la meta 3 del MMB.

El análisis revela que, de los 137 países que han enviado planes al CDB, más de la mitad (70 países, es decir, el 51%) no se comprometen a proteger el 30% de sus tierras y mares para 2030.

De estos, 21 países no proporcionaron un objetivo numérico para proteger su superficie terrestre, 26 establecieron objetivos de protección de la tierra inferiores al 30% y ocho establecieron objetivos de protección de la tierra iguales o superiores al 30%, pero objetivos de protección del mar inferiores al 30%.

De los países restantes, 13 no presentaron ningún objetivo relacionado con la cobertura de las áreas protegidas. Otros dos establecieron objetivos más allá de 2030.

Otros 10 países, es decir, el 7%, no dejan claro en los planes que presentaron si tienen o no un compromiso que cumpla las condiciones de “30×30”. Entre ellos se encuentran: países que especifican que protegerán el 30% de las “zonas de especial importancia”; países que dieron un objetivo de mejora, pero no proporcionaron una base de referencia; y países que entregaron solo una o dos metas.

Solo el 42% de los países (57 en total) se comprometen a proteger el 30% de la superficie terrestre y marina para 2030.

La siguiente gráfica muestra los países que han entregado sus EPANDB y/o metas nacionales a la ONU. En la gráfica, los países están agrupados según el porcentaje de tierra que se han comprometido a proteger y el tamaño de cada burbuja representa su superficie terrestre. (Los países agrupados alrededor de la línea del 30% y marcados en gris se han comprometido a proteger el 30% de la superficie terrestre).

Los países agrupados debajo de “sin objetivo” son aquellos que no se han comprometido a una meta numérica para proteger su tierra o aquellos que han elaborado un plan, pero no han incluido una meta de área protegida.

Más de la mitad de las naciones no planean proteger el 30% de sus tierras para la naturaleza
Los diversos compromisos asumidos por los países en lo que respecta a la protección de una proporción de su tierra para la naturaleza. Gráfico de Tom Pearson para Carbon Brief. Fuente de datos: CDB de la ONU, EPANDB y metas nacionales. Datos de superficie terrestre provienen de la ONU para la Alimentación y la Agricultura.

El análisis muestra que, en conjunto, más de un tercio de la superficie terrestre está cubierta por un compromiso que no cumple la meta “30×30”, mientras que alrededor de la mitad está cubierta por un compromiso “30×30”.

El análisis también revela que siete de los 17 países “megadiversos“, que en conjunto albergan el 70% de la biodiversidad mundial, no se han comprometido con la iniciativa 30×30. Entre ellos se encuentran Indonesia, Malasia, México, Perú, Filipinas, Sudáfrica y Venezuela.

Otros 61 países no han presentado una EPANDB ni metas nacionales, por lo que no se han evaluado en el análisis. Entre ellos se encuentra la nación con mayor biodiversidad del mundo, Brasil.

Las cifras tampoco incluyen a EE. UU., que, aunque es un país megadiverso, no forma parte del CDB y, por lo tanto, no está sujeto a los objetivos y metas del MMB.

El expresidente de EE. UU. Joe Biden comprometió a su país con el compromiso “30×30”. Sin embargo, el plan de políticas Proyecto 2025, que Donald Trump está siguiendo en gran medida, pide que se elimine el objetivo.

La UE entregó una EPANDB que abarca sus 27 Estados miembros y se compromete con el 30×30.

Sin embargo, los países individuales también son parte del CDB y se espera que entreguen sus propios planes nacionales. Para el propósito de este análisis, se consideró que los Estados miembros de la UE cumplían con el compromiso “30×30” solo si presentaban su propia EPANDB o su objetivo nacional que lo hiciera.

‘Extremadamente desafiante’

Carbon Brief y the Guardian contactaron a países megadiversos y naciones desarrolladas para preguntarles por qué habían optado por no comprometerse con el “30×30” en sus planes de la ONU.

Indonesia, un país megadiverso que alberga la tercera selva tropical más grande del mundo, no dio una meta numérica sobre la cantidad de su territorio que puede proteger para la naturaleza en su EPANDB.

Un portavoz del gobierno afirma que Indonesia considera que “no es esencial declarar explícitamente que el objetivo de protección del 30% es para las áreas terrestres y marinas” de su territorio, y explica:

“Indonesia considera que todos debemos entender que el Marco Mundial de la Diversidad Biológica es realmente global. Y, al ser global, es natural que este marco se aplique de forma global y colectiva, sin imponer una carga innecesariamente pesada a algunos de nosotros.

“Indonesia se ha comprometido a alcanzar objetivos ambiciosos pero prácticos para el MMB, haciendo hincapié en el hecho de que no todas las partes están al mismo nivel si los objetivos se evalúan numéricamente”.

El portavoz añade que “gestionar la biodiversidad no es una tarea fácil” y que “se debe mantener el equilibrio de los aspectos económicos, sociales y medioambientales, especialmente en países en desarrollo como Indonesia”.

En su Estrategia y Plan de Acción Nacional sobre la Diversidad Biológica, México, una nación megadiversa, se compromete a proteger el 30% de sus océanos, pero solo el 22% de su tierra.

La Dra. Andrea Cruz Angón, coordinadora de estrategias y políticas de biodiversidad de la Conabio, la comisión de biodiversidad del gobierno federal, afirma que las metas aún están “siendo revisadas y ajustadas” por las agencias federales correspondientes.

Añade que los objetivos se elaboraron tras la celebración de talleres “con gobiernos subnacionales, jóvenes, pueblos indígenas y comunidades afromexicanas” para identificar “barreras y oportunidades para que estos actores se comprometan voluntariamente con los objetivos”.

Finlandia, uno de los estados miembros de la UE, aún no ha publicado una EPANDB, pero en agosto de 2024 presentó a la ONU sus metas nacionales para cumplir los objetivos del MMB. En estos planes, Finlandia no se compromete con el “30×30”.

Un portavoz del gobierno finlandés dice que todavía estaba preparando su EPANDB y que, por lo tanto, ninguno de sus objetivos es definitivo, pero añade:

“Lograr un aumento del 30% en el área protegida para 2030 sería extremadamente difícil, ya que para alcanzar esta meta, por ejemplo, el área protegida en las zonas terrestres tendría que aumentar unas 700,000 hectáreas al año”.

En su Estrategia Nacional de Biodiversidad, Noruega se comprometió a proteger el 30% de su territorio para la naturaleza para 2030, pero afirma que todavía está evaluando su meta de protección de los océanos y “volverá con un plan sobre cómo lograr un objetivo futuro de manera que también facilite el uso sostenible de las zonas marinas noruegas”.

Un portavoz de Noruega afirma que la nación está “comprometida a contribuir al objetivo 30×30”, y añade:

“Aún no se ha establecido una meta nacional de conservación para las zonas marinas noruegas. Esto se debe a un proceso nacional en curso para evaluar qué zonas marinas pueden ser reconocidas como protegidas a través de ‘otras medidas efectivas de conservación basadas en áreas’ (OECM), de acuerdo con los criterios [de biodiversidad de la ONU].

“La conclusión de este proceso aclarará el estado actual de conservación de las aguas noruegas y, en consecuencia, nos permitirá establecer una meta nacional”.

‘Volver a empezar’

Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, declara a Carbon Brief y the Guardian que “30×30” es una “meta global y la forma en que los países lo asuman a nivel nacional será diferente en todo el mundo, dependiendo de las circunstancias nacionales”.

Ella refiere el Informe Planeta Protegido 2024, que muestra que solo el 17.6% de la tierra y el 8.4% del océano se conservan actualmente para la naturaleza, a solo cinco años de llegar al plazo de “30×30”, y añade:

“A medida que el mundo se enfrenta a una crisis de pérdida de naturaleza y biodiversidad, está claro que debemos ir mucho más lejos, mucho más rápido. Esto no será posible sin apoyo financiero, técnico y de capacidad para muchos países”.

En respuesta a la investigación de Carbon Brief y the Guardian, Brian O’Donnell, director de la Campaign for Nature, un grupo que aboga por la meta 30×30, dice:

“Muchos países no han sido lo suficientemente ambiciosos con sus compromisos nacionales de conservación y, como resultado, actualmente no estamos en vías de cumplir colectivamente la meta global de “30×30”. Esto es preocupante y hay que tomar medidas para poner al mundo en buen camino”.

Para encaminarse hacia el “30×30”, los países desarrollados deben “financiar directamente” la meta para permitir que los países en desarrollo protejan más de sus territorios para la naturaleza, dice, y añade que el compromiso “30×30” también debe ser defendido a un nivel superior por los líderes mundiales y la ONU.

Añade que los países que no se comprometan con “30×30” en sus planes de la ONU “deberían volver a empezar y actualizar sus planes con otros en los que la conservación esté a la altura del desafío de la pérdida de biodiversidad y las necesidades de las comunidades”.

El análisis completo de Carbon Brief y the Guardian puede encontrarse aquí.

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Revelado: Más de la mitad de las naciones no protegen el 30% de la tierra y el mar en sus planes de biodiversidad de la ONU

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Climate Change

Corpus Christi Cuts Timeline to Disaster as Abbott Issues Emergency Orders

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The governor’s office said the city’s two main reservoirs could dry up by May, much sooner than previous timelines. But authorities still offer no plan for curtailment of water use.

City officials in Corpus Christi on Tuesday released modeling that showed emergency cuts to water demand could be required as soon as May as reservoir levels continue to decline.

Corpus Christi Cuts Timeline to Disaster as Abbott Issues Emergency Orders

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Climate Change

Middle East war is another wake-up call for fossil fuel-reliant food systems

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Lena Luig is the head of the International Agricultural Policy Division at the Heinrich Böll Foundation, a member of the Global Alliance for the Future of Food. Anna Lappé is the Executive Director of the Global Alliance for the Future of Food.

As toxic clouds loom over Tehran and Beirut from the US and Israel’s bombardment of oil depots and civilian infrastructure in the region’s ongoing war, the world is once again witnessing the not-so-subtle connections between conflict, hunger, food insecurity and the vulnerability of global food systems dependent on fossil fuels, dominated by a few powerful countries and corporations.

The conflict in Iran is having a huge impact on the world’s fertilizer supply. The Strait of Hormuz is a critical trade route in the region for nearly half of the global supply of urea, the main synthetic fertilizer derived from natural gas through the conversion of ammonia.

With the Strait impacted by Iran’s blockades, prices of urea have shot up by 35% since the war started, just as planting season starts in many parts of the world, putting millions of farmers and consumers at risk of increasing production costs and food price spikes, resulting in food insecurity, particularly for low-income households. The World Food Programme has projected that an extra 45 million people would be pushed ​into acute hunger because of rises in food, oil and shipping costs, if the war continues until June.

Pesticides and synthetic fertilizer leave system fragile

On the face of it, this looks like a supply chain issue, but at the core of this crisis lies a truth about many of our food systems around the world: the instability and injustice in the very design of systems so reliant on these fossil fuel inputs for our food.

At the Global Alliance, a strategic alliance of philanthropic foundations working to transform food systems, we have been documenting the fossil fuel-food nexus, raising alarm about the fragility of a system propped up by fossil fuels, with 15% of annual fossil fuel use going into food systems, in part because of high-cost, fossil fuel-based inputs like pesticides and synthetic fertilizer. The Heinrich Böll Foundation has also been flagging this threat consistently, most recently in the Pesticide Atlas and Soil Atlas compendia. 

We’ve seen this before: Russia’s invasion of Ukraine in 2022 sparked global disruptions in fertilizer supply and food price volatility. As the conflict worsened, fertilizer prices spiked – as much from input companies capitalizing on the crisis for speculation as from real cost increases from production and transport – triggering a food price crisis around the world.

    Since then, fertilizer industry profit margins have continued to soar. In 2022, the largest nine fertilizer producers increased their profit margins by more than 35% compared to the year before—when fertilizer prices were already high. As Lena Bassermann and Dr. Gideon Tups underscore in the Heinrich Böll Foundation’s Soil Atlas, the global dependencies of nitrogen fertilizer impacted economies around the world, especially state budgets in already indebted and import-dependent economies, as well as farmers across Africa.

    Learning lessons from the war in Ukraine, many countries invested heavily in renewable energy and/or increased domestic oil production as a way to decrease dependency on foreign fossil fuels. But few took the same approach to reimagining domestic food systems and their food sovereignty.

    Agroecology as an alternative

    There is another way. Governments can adopt policy frameworks to encourage reductions in synthetic fertilizer and pesticide use, especially in regions that currently massively overuse nitrogen fertilizer. At the African Union fertilizer and Soil Health Summit in 2024, African leaders at least agreed that organic fertilizers should be subsidized as well, not only mineral fertilizers, but we can go farther in actively promoting agricultural pathways that reduce fossil fuel dependency. 

    In 2024, the Global Alliance organized dozens of philanthropies to call for a tenfold increase in investments to help farmers transition from fossil fuel dependency towards agroecological approaches that prioritize livelihoods, health, climate, and biodiversity.

    In our research, we detail the huge opportunity to repurpose harmful subsidies currently supporting inputs like synthetic fertilizer and pesticides towards locally-sourced bio-inputs and biofertilizer production. We know this works: There are powerful stories of hope and change from those who have made this transition, despite only receiving a fraction of the financing that industrial agriculture receives, with evidence of benefits from stable incomes and livelihoods to better health and climate outcomes.

    New summit in Colombia seeks to revive stalled UN talks on fossil fuel transition

    Inspiring examples abound: G-BIACK in Kenya is training farmers how to produce their own high-quality compost; start-ups like the Evola Company in Cambodia are producing both nutrient-rich organic fertilizer and protein-rich animal feed with black soldier fly farming; Sabon Sake in Ghana is enriching sugarcane bagasse – usually organic waste – with microbial agents and earthworms to turn it into a rich vermicompost.

    These efforts, grounded in ecosystems and tapping nature for soil fertility and to manage pest pressures, are just some of the countless examples around the world, tapping the skill and knowledge of millions of farmers. On a national and global policy level, the Agroecology Coalition, with 480+ members, including governments, civil society organizations, academic institutions, and philanthropic foundations, is supporting a transition toward agroecology, working with natural systems to produce abundant food, boost biodiversity, and foster community well-being.

    Fertilizer industry spins “clean” products

    We must also inoculate ourselves from the fertilizer industry’s public relations spin, which includes promoting the promise that their products can be produced without heavy reliance on fossil fuels. Despite experts debunking the viability of what the industry has dubbed “green hydrogen” or “green or clean ammonia”, the sector still promotes this narrative, arguing that these are produced with resource-intensive renewable energy or Carbon Capture and Storage (CCS), a costly and unreliable technology for reducing emissions.

    As we mourn this conflict’s senseless destruction and death, including hundreds of children, we also recognize that peace cannot mean a return to business-as-usual. We need to upend the systems that allow the richest and most powerful to have dominion over so much.

    This includes fighting for a food system that is based on genuine sovereignty and justice, free from dependency on fossil fuels, one that honors natural systems and puts power into the hands of communities and food producers themselves.

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    Climate Change

    Are There Climate Fingerprints in Tornado Activity?

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    Parts of the Southern and Northeastern U.S. faced tornado threats this week. Scientists are trying to parse out the climate links in changing tornado activity.

    It’s been a weird few weeks for weather across the United States.

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